Día 2 Marrakech

Sábado 02/10/04 MARRAKECH

En el desayuno junto a la piscina conocimos a Lidia, Alfonso por su parte se encargaba de hacer continuos viajes al buffet, ya que los días venideros se preveían duros y había que hacer acopio de proteínas.

Tras desayunar nos reunimos con el guía, quien nos presentó a un colega suyo que en principio nos debía enseñar la ciudad, aunque solo nos enseñó el Palacio de Bahia, algunas calles del barrio judío y eso sí, una farmacia bereber donde nos hicieron una demostración de "productos naturales". Durante la presentación, digamos en el apartado de ruegos y preguntas, alguien estornudó, ¡¡atchís!! ¿o fue ¡¡hachís!!?, el caso es que el farmacéutico en vez de contestar ¡¡Jesús!! o ¡¡Alá!! en este caso, dijo, no, aquí no.

Una vez que las señoras recibieran un suave masaje por parte del ayudante del farmacéutico, a cambio naturalmente de una propina y comprar algunos de los productos expuestos, nos encaminamos tras el guía al restaurante Alí. La comida lógicamente y como sería en toda la ruta, típica del país (harira, tagine, y por supuesto té con menta, hummmmm), pero... en este restaurante ¡¡no hay alcohol!!...

Al terminar la comida pasamos por la plaza Jena el Fna, donde están los encantadores de serpientes, sacamuelas, aguadores, saltimbanquis, etc., y comienza la vorágine del zoco, la gente se disgrega y nos enzarzamos en unas "peleas mortales" con los comerciantes en el obligado regateo.

Sergi tiene "cagarrinas", y no encuentra ningún lugar donde poder aliviar el malestar, y cuando está a punto de tomar la drástica decisión de ¡¡aquí mismo!!, entra en una heladería donde en un clásico water de los de agujero (como en casi todos los sitios) y con un cubo al lado de un grifo, descarga el mal rato pasado.

A las 17.30 debíamos estar en el hotel para desembalar y preparar las bicis para el día siguiente, así como reunirnos con el guía para recibir las instrucciones correspondientes.

Finalizados estos quehaceres, algunos optan por quedarse en el hotel y Lidia, José Mª, Encarna y yo nos desplazamos a la plaza a vivirla en toda su intensidad. Infinidad de chiringuitos repletos de toda clase de alimentos, pescado, marisco, carne, frutas, etc., etc., al final nos decidimos por uno de "pinchitos" y tras hacernos unas fotos y repartir (José Mª) algunos bolígrafos, regresamos al hotel a descansar. Al día siguiente nos debíamos levantar a las cinco.