Día 8 N'KOOB - ZAGORA

Viernes 08/10/04 N'KOOB - ZAGORA (93.40) - (total 102 kms.)

Salimos a las 8.30. Los primeros 24 kms. por asfalto, el resto excepto una fuerte subida nada más empezar, desierto auténtico. De piedras. En el Km. 40 Said se acuerda que debía traer unos papeles, por lo que debe volver a N'Koob a recogerlos, se los ha dejado en el hotel. Alfonso va como una moto. Cada vez la pista es más pedregosa, y el viento cálido del Sahara junto al sol empieza a hacer estragos. Las paradas para beber agua ¿o era caldo? cada vez son más frecuentes. La mayoría se tapan la nariz y la boca con pañuelos pues el polvo reseca la garganta y la sensación de sed, cada vez es más fuerte. Josep se sube al jeep en el km. 55, no se encuentra bien. Alfonso ha pinchado.

En este punto kilométrico se encuentra una pequeña aldea y la cantidad de niños que nos rodean es inmensa. A los 77 kms. paramos a comer al borde del camino. ¿de dónde ha salido ese niño?. Allí junto a un árbol y sin que se vea una sola casa en varios kilómetros a la redonda, un niño sentado al "estilo marroquí" nos contempla sin decir ni pío. Más tarde alguien del grupo le obsequió con algún que otro stylo.

Nerea se sube al jeep en el km. 76 (solo 1 km. antes de parar a comer) y continua en él por el resto de etapa. Desde el km. 40 (2ª parada del día) hasta el 77 ha sido muy duro, muchísimas piedras en el camino, un fuerte viento a veces de cara a veces de costado que levantan mucho polvo y tierra. Tengo muchísimos problemas con las lentillas y el polvo.

Después de comer, Josep vuelve a coger la bicicleta hasta el km. 83 en el que decide subirse de nuevo al jeep. La etapa está siendo durísima. 2 ó 3 kms. antes lo ha hecho José Mª, en una parada en la que yo me tuve que quitar las lentillas dentro del jeep para limpiarlas e intentar que los ojos me dejaran de doler, pues me hacían mucho daño. El cansancio se nota en todo el grupo.

Aparte del grupo cabecero (Isabel, Lidia, José y Sergi), en el que Lidia también tiene sus problemas para seguir por culpa del polvo, solo quedamos Alfonso y yo. En principio íbamos separados. Alguno me decía que lo dejara que no valía la pena el sufrimiento, ya que había momentos que no veía nada. Decidí seguir por cabezonería, pero cada vez era más difícil continuar, sobre todo yendo solo ya que cada diez metros aproximadamente tenía que parar por el dolor de los ojos, y esperar a que llorando un poco, las lágrimas me ayudaran a "sacar" el polvo de los ojos.

Posteriormente se me une Alfonso y juntos intentamos continuar hasta el final de la etapa, cada vez se hace más difícil, físicamente me encuentro bien y si no hiciera tanto viento no habría problema para continuar pero...

Alfonso ¿qué hacemos?, esto es insoportable, no puedo andar más de diez metros sin tenerme que parar. La tierra se clava en los ojos como si fueran agujas, me duelen un montón, antes ya he tenido que meterme en el jeep para limpiar las lentillas, pero sigue igual, se va a hacer de noche y al final vamos a tener que subir al jeep, si pudiera hacer por lo menos un kilómetro sin tener que parar... ya solo deben quedar unos ocho kms., pero según Mohamed todo el camino es igual, y los que ya se han subido al jeep deben estar hartos de seguirnos tan despacio...

Con un cabreo imposible de imaginar y con alguna que otra lágrima en los ojos y esta vez no por culpa del polvo, esperamos al jeep y subimos a él.

Cuando llevamos apenas unos cuatro kilómetros vemos que la pista del desierto y el viento se acaba y que el resto hasta el hotel es bastante llevadero, por lo que aún me da más rabia haber tenido que subir al jeep.

A poco de entrar en el pueblo avistamos a los cuatro de delante y los seguimos hasta la puerta del hotel. Todos estamos con cara de cansancio, ha sido durísimo. Después de tomar una cerveza (ya era hora), y dejar las cosas en la habitación, rápidamente nos vamos a la piscina. Buscamos la ducha al lado de la piscina para quitarnos el polvo antes de zambullirnos en el agua, pero como no hay ducha..., se supone que por la mañana y a la luz del día el agua aparecería teñida de ...

Cenamos en la terraza, como siempre excelentemente, y mientras la mayoría se va a dormir, José Mª, Encarna y yo nos vamos con Mohamed a una tienda de al lado (según Mohamed, de confianza) y durante casi dos horas y acompañados de té, discutimos "acaloradamente" con el dueño el tema de precios. La madre teresa haciendo honor a su nombre sentía remordimientos por "regatear" tan duro, "me sabe mal que pierda dinero..." decía. Ora pro nobis.

Tras dejar un buen puñado de dólares, perdón dirhams, acordamos con Ibrahim, (así se llamaba el dueño), que por la mañana un tal Alfonso (el yupi) lo visitaría y le ofrecería un poco de "agua de fuego", y nos fuimos a dormir, no sin que antes el vigilante de noche y Mohamed solucionaran un pequeño problema con el aire acondicionado de la habitación.

El hotel El Palmerae tiene una apariencia muy guay pero las habitaciones no son precisamente de lujo. La ducha del cuarto de baño no tiene cortina, el pasa manos para colgar la toalla está roto...